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Título: “De bárbaros y salvajes”. La Guerra de Castas de los mayas yucatecos según la prensa de la ciudad de México. 1877-1880
Autores: 
Palabras clave: Caste war; Mayas; press; Porfirio Díaz; peace; order; progress; integration; education; work
Guerra de Castas; mayas; prensa; Porfirio Díaz; paz; orden; progreso; integración; educación; trabajo
Fecha de publicación: 12-Sep-2011
Editorial: Estudios de Cultura Maya
Descripción: With a deep commitment to defend its lands and way of living, in 1847 the Mayas from Yucatán decided to take up arms against the white population in the State. The media from the capital spread the news criticizing the rebel group attitudes and cataloged them as enemies of order and progress, lacking of any political or social rights, even the right to exist as a specific race. The public opinion was divided. Some people thought that the solution was an ethnic cleansing; on the other side, the solution was to integrate them through education and work. While the confrontation was taking place the last opinion got stronger, especially in 1877 when Porfirio Díaz came to power and looked for a peaceful solution as a mean to be admitted on the group of the civilized countries of the world. The indigenous community was a hindrance for achieving this goal because of the common thought of the native as lazy, indolent and barbarous. Considering this status, as many journalist pointed out, the only solution was to integrate them to Mexican society with a drastic change, not turning them into a first class citizen but a productive being, meaning a kind of workforce available in any time, supposedly free.
Decididos a proteger sus tierras y su forma de vida, en 1847 los mayas yucatecos se levantaron en armas contra la llamada población blanca del estado. La prensa de la capital nacional no tardó mucho en enterarse del caso y darlo a conocer, asumiendo desde un principio una postura crítica en contra de los rebeldes, al considerarlos como enemigos del orden y el progreso, y por ende carentes de todo derecho social y político, incluido el de su propia existencia como raza. Para algunos, no había más que exterminarlos mediante la violencia; para otros, la mejor opción era la de su integración por medio de la educación y el trabajo. Durante el largo enfrentamiento, esta última postura tomó auge sobre todo a partir de 1877, tras la asunción de Porfirio Díaz al poder, quien buscó implantar la paz como el fundamento para llevar al país al selecto grupo de las naciones civilizadas del mundo. El indígena como tal estorbaba para ello, pues se le creía perezoso, indolente y bárbaro. Por lo mismo, adujeron diversos periodistas, no había otra solución que integrarlo a la sociedad mexicana por el camino de su transformación radical, convirtiéndolo no tanto en un ciudadano de primera, sino en un ente dispuesto a las labores productivas; es decir, convirtiéndolo en mano de obra disponible, supuestamente libre.
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